La noche había sido larga y estresante. Tenía un cúmulo de cosas en la cabeza, no respondía sus llamadas y decidió ignorar el trato de la cita de ese día. La mañana decidió no ocultar al sol y para cuando despertó este ya estaba en el poniente. La cabeza le estallaba y los recuerdos de la noche pasaban como flashes por su cabeza: risas, conversaciones sin sentido, peleas, gritos y reflexiones de vino y rosas...prefiero no recordar la noche anterior pensó. Pero era un nuevo día y el clima era auspicioso, se llenó de optimismo ¡Este es el día! se repitió, así que se metió en la ducha sin meditar en que aun era invierno y solo la complexión de sus músculos pusieron resistencia a la fría agua que salió por la regadera, el cerebro aun meditaba sobre la ocasión perdida.
Cogió un cigarrillo y otro más, ¡mañana es hoy! repitió, y salió al callejón, donde uno torea como lo que es, donde expresa su ideología, su concepción de la vida y de como vivirla. Se acercó a la barra, pidió una cerveza y se ubicó en el tendido a esperar la puerta grande en la más vieja y querida plaza de América, repitiendo un soneto de Sabina:
¿Qué más da que fallara con la espada,
si calcinó la mirada torera de la memoria?
Lo de menos... las orejas,
dicen que dicen las viejas,
Jesús y César, qué historia.
Desde que se fue Antoñete,
desde que se fue Romero,
desde que se fue Tomás,
el nueve parece el siete
cuando le grita a un torero no corras,
¿adónde vas?
Hoy sobraba torería. En Acho, madre mía, la afición hizo las paces, ¡que tarde! y la noche llega otra vez y el vino se conviertió en pasión.
Pasó del paso doble a la música andaluz, ahora llega lo criollo, las polcas y la feria que termina, pero llegan las sorpresas, saludos y gratitudes, comentarios y reproches, bailes y otro salud. Recuerdos para la memoria y experiencias para la vitrina. La alegría le ganó a la tristeza y recordó la frase con la que despertó !mañana es hoy¡ Entonces apareció, una silueta alta y delgada, de finas formas, que arrasa con su belleza. Se unió a su grupo, con la delicadez que la describe y la alegría que trasmite. Fiesta y danza, conversación e insinuación, una invitación que terminó en compromiso y en una espera con esperanza. Al diablo con todo, dijo una vez más, la vida es una y la década de los 20 es la mejor. Ahora le sobraban motivos. Se fueron los tiempos inestables de las noches anteriores, de los sueños con aguaceros. Hoy la tarde se demoró un segundo cada hora, un más allá cada instante, pero no había motivos para huir, las cosas fueron de menos a más y regresó a su perdición de París a Madrid con escala en la tasca...